¿el principio del fin de la moda payaso?
Guillermo Zapata en
LdN se lo pregunta a raiz del fracaso de convertir un barrio popular de madrid en un barrio de diseño para gente
con mayor poder adquisitivo. y,más generalmente,como el sistema se reapropia de la energía de los vínculos populares para venderte un simulacro
de estilo de vida individual con ayuda de los cazadores de tendencias.se trata de borrar toda memoria de vida no domesticada.
reproduzco el impagable artículo
http://librodenotas.com/cronicasdelhype/18323/el-principio-del-fin-de-la-moda-payaso "Los jóvenes negros de los guettos de Estados Unidos llevaban los pantalones caídos por dos motivos: Uno, porque sus familias no tenían dinero para comprar muchos pantalones y los heredaban de hermanos a hermanos. Segundo y mucho más importante: en solidaridad con los amigos y familiares que estaban en la cárcel. A los presos les quitaban los cinturones de los pantalones para que no se suicidaran con ellos y no construyeran armas con las hebillas, con lo que los pantalones- en su mayoría talla única- se les caían hasta la mitad del culo. Esto pasaba también con los presos blancos… Pero había muchos menos. Llevar los pantalones caídos era una señal de respeto en el barrio, significaba que alguien cercano estaba “dentro”.
Los negros tenían también el Hip-Hop (como antes tuvieron el free jazz, por ejemplo) como mecanismo expresivo de su vida cotidiana. No existía, sin embargo, una relación directa entre la música y la ropa.
Con el tiempo, el proceso de expolio de la cultura negra reconvertida en mainstream ha hecho que todos los chavales blancos de clase media se dejen los pantalones caídos, pero el proceso social que ha generado el gesto se ha borrado por completo.
2.- A eso se dedica un cool hunter. Los “cazadores de lo cool” son, en realidad, “productores de lo cool” mediante el borrado de los procesos sociales que los originan. Los “cool hunters” dicen “esto es lo que va a molar ahora”, pero el proceso previo es importante.
La radicalidad política de las vidas en lucha por su supervivencia son mucho más atractivas. Lo son, como lo son los gestos de asco hacia la vida prefabricada y aburrida de los suburbios dónde nació el grunge, en los sótanos de la primera generación de trabajadores precarios, hijos e hijas del capitalismo post-industrial, del posfordismo y la sociedad de consumo.
Pero la potencia es importante, porque se trata de vender un simulacro. Se trata de ser un negrata, o un joven rebelde, o un concienciado defensor del medio ambiente, o un globalifóbico simpático, pero sin serlo.
3.- Pero, ¿quién es el cool hunter de la sociedad hype? El hype no se basa exactamente en el borrado de una dinámica social, ni en la identificación de una potencia. Ya sabemos que eso no es necesario, basta con construir el espacio-tiempo obligado para todo el mundo. La movilización total de los cuerpos hacia el evento (Ir a sitios) o la movilización constante de la atención hacia el proceso diario en las redes sociales (Observarnos y narrarnos). Basta con hacer visible el mensaje “esto es importante”, “atiende aquí”.
El punto de partida no tiene porque ser una dinámica colectiva, sino que parece que la mera enunciación del yo es suficiente. El narcisismo de la subjetividad campa a sus anchas en vidas reconvertidas en reality-shows en tiempo real. Se trata de hacer la propia vida un espectáculo y contarlo. Y tan a gusto.
Así que el cazador de lo cool, ya no tiene que cazar nada porque él mismo (o ella) es “lo cool”. ¿Y porqué lo es? Porque lo ha dicho. Y si alguien se lo cree es suficiente.
4.- El magnífico final de la gran película Crimen Ferpecto, de Alex de la Iglesia, nos muestra que lejos de ser una fábula sobre el papel que la sociedad le deja a las mujeres, o a los feos (si no queremos encerrarnos en la cuestión de género) es principalmente una metáfora sobre el poder. La conversión del personaje femenino protagonista de obsesiva máquina de odio y deseo producido por el rechazo generalizado en elegante diseñadora de moda payaso (literalmente) es la descripción de la miseria y el absurdo del poder en la cultura. Tampoco es casualidad que se dedique al diseño de ropa.
El barrio de Malasaña en Madrid, ha vivido desde hace un par de años un proceso de gentrificación articulado por el ayuntamiento de Madrid y la compañía “Triball”, dedicada al “maketing de ciudades”. Para aquellos que no lo sepan, la gentrificacion es un proceso por el cual se sustituye a los pobladores autóctonos de un determinado territorio por población con mayor poder adquisitivo, más homogénea a nivel sociocultural y, en general, poco conflictiva. Para conseguir semejante milagro se organiza una campaña con la excusa de la rehabilitación del territorio (generalmente son zonas con altas capas de exclusión social y/o abandono) gracias a “la cultura”.
Un paseo por el llamado “barrio triball” (El triangulo de la calle Ballesta) nos deja un paisaje de pura moda payaso: peluquerías, tiendas de ropa y, quizás, algo de “artesanía étnica” con graffitis de diseño en las paredes. Puro narcisismo de la subjetividad y… un fracaso absoluto. El proceso, que lleva ya unos años no ha generado la dinámica deseada, los jóvenes creativos de clase media alta no llegan (quizás ya no existan).
Pero, ¿qué ha fallado aquí?
Lo que los nuevos cazadores de “lo cool” no han entendido es que no se trata de abrir tiendas con lo que a ellos les gusta y que prácticamente nadie quiere. Que, en fin, lo que el capitalismo del siglo XXI captura es el lazo social, y lo que produce son simulacros y que cuando uno ya es un producto, un simulacro, no tiene nada que vender. ¿Paradójico? Probablemente sobre esa paradoja se sustente la actual crisis económica: El capital produce sujetos que no tienen la potencia necesaria para que el capital se reapropie de la misma y pueda reproducirse.
El hype, por tanto, hace aguas. No será aquí dónde le demos un mapa para que encuentre la orilla que le ponga a salvo"