El 31 de agosto a las cuatro de la mañana, , amelie es sorprendida por una idea deslumbrante. Se propone encontrar al propietario de la caja de recuerdos, dondequiera que esté, y restituirle su tesoro. Decide que, si él se conmueve, dedicará su vida a ayudar a los demás. Si no... pues nada.
amelie es el zorro enmascarado ,un poco por azares del destino, que hace el bien anonimamente. reune lo que esta separado,aislado,sin significado en nuestras vidas fragmentadas.tambien es la muchacha del vaso de agua del cuadro de renoir,alguien fuera de foco,desenfocada.
Dufayel(el hombre de cristal): Después de todos estos años, el personaje que más me cuesta perfilar es la muchacha del vaso de agua, está en el centro y sin embargo está como ausente.
Amelie Poulain: ¿ Quizás sea diferente a los demás ?
Dufayel: ¿Y por qué?
Amelie Poulain: No lo sé.
Dufayel: Tal vez cuando era pequeña no jugaba con los otros niños de su edad, puede que nunca jugara.
Amelie- Ella se está enamorando... vp- Creo que llegó la hora de que tome algún riesgo. Amelie- Es posible que lo haga. Está tramando una estratagema. vp- Le gustan las estratagemas. De hecho es una cobarde. Por eso no puedo capturarla.
DUFAYEL: Verá, mi pequeña Amélie, usted no tiene los huesos de cristal. Podrá soportar los golpes de la vida. Si usted deja pasar esta oportunidad con el tiempo su corazón se irá volviendo seco y frágil como mi esqueleto. ¿A qué espera? Ande, vaya a por él."
Era el año 1978, y todas queríamos ser Diane Keaton.
En la nueva España democrática, en que la mayoría acabábamos de votar por primera vez, las chicas llevábamos faldas largas, botas altas y jerséis anchos. Ocultábamos las formas o simplemente no las mostrábamos, no les dábamos importancia, de modo que el cuerpo desaparecía debajo de esta ropa todavía un poco ad lib, liberado del sujetador, del maquillaje y de cualquier perifollo. Por supuesto los zapatos de tacón de aguja estaban proscritos y también las uñas largas y las joyas auténticas, no digamos las pieles. Aquellas chicas nos forjamos en la sencillez más absoluta. Incluso los anuncios de Coca-cola alababan a una chica morena, de impresionante naturalidad. Pero ¿éramos así o algo más contradictorias? ¿cuáles eran nuestros deseos y sueños y angustias? Éramos una novedad, nadie nos conocía.
Y en eso... llegó Annie Hall.
Nos identificamos con ella. Diane Keaton dejaba de ser la imagen vaga y cómica de El dormilón, Sueños de un seductor y La última noche de Boris Grushenko, para pasar a ser una de nosotras. Ropa holgada, aunque más audaz que la nueva y, sobre todo, puesta en ella, que la movía como el viento las hojas. Tuvo el talento de sacar la sofisticación de las tiendas de la Quinta Avenida y llevarla a la calle, darle normalidad, y que de este modo, la forma de vestirse fuese tan inseparable de la persona como la voz o la mirada. Su corbata, chaleco y sombrero danzaban alrededor de los ojos-triángulo más soñadores y estrellados que se hayan visto en una pantalla.
En realidad, hasta la llegada de Annie Hall a nuestras vidas, nuestras vidas habían estado llenas de fascinantes actrices, a quienes sólo se podía rendir culto, porque jamás podríamos parecernos, por ejemplo, a una Ingrid Bergman, despidiendo luz por todos los poros de la piel; ni a una misteriosa criatura como Jeanne Moreau; ni ser tan introspectivas como Liv Ullmann; o poseer la desenvoltura de Jean Fonda, ni la abrumadora sensibilidad de Meryl Streep. Por el contrario, en Annie Hall es Diane Keaton la que viene hasta nosotras, y por eso a través de ella pudimos reírnos con nuestras gracias y nuestras torpezas. Sin contar con que ese Alvy (Woody Allen), con quien mantiene relaciones, se podría llamar Pedro o Luis y ser nuestro propio novio progre y descontento de los setenta.
LA CHICA de familia patricia que fue musa,actriz y modelo de WARHOL a medidos de los 60.
Edie nació en una más que acomodada familia wasp (white anglo-saxon protestant) de Massachussets. El primer antepasado Sedgwick fue un juez que participó en la declaración de independencia de estados unidos y que era aliado político de Alexander Hamilton y George Washington. La madre pertenecía a una multimillonaria familia de Nueva York. Edie y sus 7 herman@s crecieron aislados del mundo en 3 ranchos californianos, en un ambiente carcelario y violento. L@s niñ@s apenas salían de la enorme extensión de tierra del padre, y eran educad@s allí mismo “de acuerdo a su clase”. El padre aparece como un personaje narcisista y sádico que se oponía a la personalidad de sus hijos, y Edie dice en más de una ocasión que intentó acostarse con ella desde que tenía 7 años.
Los hijos varones fueron objeto de la represión paterna, hasta el punto de que dos de los hermanos, Minty y Bobby, tuvieron problemas en la universidad y acabaron suicidándose tras ser encerrados sucesivas veces en distintos centros psiquiátricos. Cuando esto sucedió, Edie ya había avanzado en su propia carrera autodestructiva. Desde pequeña comía de forma compulsiva, y lo vomitaba todo. Una forma, quizá, de oponerse a la madre. Como sus padres no sabían qué hacer con ella, la enviaron a un internado, y como allí se puso peor, la encerraron en varios centros psiquiátricos.
El mito de Edie Sedgwick se inició en Cambridge, Massachussets, cuando se trasladó allí para estudiar arte. Fiestas, fiestas y más fiestas. Los primeros amigos maricas. Hij@s de ric@s que querían desafiar a sus familias. Todo el mundo la llamaba, todo el mundo quería estar con ella: “No me importaba lo que hacía o si estaba equivocada. Era un catalizador. Lo que entre los iniciados se conoce como un shakti. La energía femenina que dinamiza: por el mero hecho de estar en contacto con ella todo se agudizaba. Una velada con Edie sólo podía acabar cuando Edie llegaba al punto de agotamiento, lo que ocurría al cabo de dos o tres días. Hay un viejo axioma yogui: cuanto más alto subas, mayor será la caída. Todos lo sabemos. Le gustaba pasear al borde del abismo en todo momento.” (1)
Nueva York, época pop
Cambridge y los estudios de arte se le quedaron pequeños. Edie necesitaba espacios abiertos donde “desmelenarse” y quería probar suerte como actriz, así que Nueva York fue su destino natural.
El desafío a los padres continuó: “Edie llegó en un momento en que se producía una destrucción de todas las normas (…) La gente empezó a chutarse en los lavabos. Los freaks empezaban a estar muy solicitados (…) Cuanto más raro fueras en lo que hacías o decías, mejor. Fíjese en Edie. O en Tiger Morse, que era una chica de buena familia y de pronto se transformó en una freak anfetamínica con el pelo de alambre, vestidos eléctricos y gafas verdes (…) Estos locos se revolcaban en la autodestrucción… era casi como si quisieran castigar a sus padres y al mundo de normas rígidas que les habían hecho tanto daño en los años de su educación.” (2)
Para Edie, una forma de hacerlo era gastar el dinero de sus padres. Pisó el metro por primera vez cumplidos los 25, y no se conformaba con el taxi: iba a todas partes en limusina. Invitaba a gente que no conocía a grandes comilonas en el Ritz. Gastaba miles de dólares en ropa, pieles, maquillaje, y por supuesto, drogas. “Era un chollo para muchos. No conocía ni a la mitad de la gente que invitaba a esas comidas. Quince o veinte personas (…) No me sentía como si la estuviera exprimiendo. Me sentía como si estuviéramos redistribuyendo la riqueza.” (3)
Bob Dylan oyó hablar de ella y la llamó para conocerla. Se hicieron “íntimos”. Todo ello la llevó a conocer a Andy Warhol. Y con él inició una extraña relación, en la que ella se convirtió en él y él se convirtió en ella. Edie introdujo a Warhol en el mundo de la “alta sociedad” que hasta entonces le había sido vedado, mientras que Warhol tenía el poder de convertir a Edie en “una estrella”. El aspecto físico de ambos se mimetizó: Edie se cortó el pelo y se lo tiñó de plateado, y vestía las mismas camisetas a rayas que su partenaire. Roy Lichtenstein cuenta que su mujer y él fueron disfrazados de Andy y Edie a una fiesta de carnaval…
Edie ya era una “superstar underground”. Quizá haya que aclarar que Andy Warhol acostumbraba a estar rodeado de adulador@s que simplemente querían estar con él, salir en sus películas o ser fotografíad@s. L@s más carismátic@s se convertían en “superstars”, palabra que empezó a utilizarse en la época: “La superstar era una forma primitiva de liberación femenina. Eran muy listas, guapas, aristocráticas e independientes. Edie, Nico, Viva y las demás (…) Eran las mujeres que queríamos adorar, las vírgenes marías. Al mismo tiempo, eran muy destructivas; se destruían a sí mismas y a otras personas.” (4)
A lo largo de 1965, Edie y Andy iban junt@s a todas partes, y su popularidad era brutal. En una ocasión viajaron a Filadelfia para inaugurar una exposición de Warhol, y fueron recibid@s como estrellas de rock, con fans gritando y desmayos. Había tanta gente en el lugar de la exposición que tuvieron que quitar los cuadros para que no se estropearan. A la gente no le importó demasiado.
Sin embargo, Edie no tenía ninguna influencia en los proyectos de la Factory, el estudio de Warhol. Participaba como actriz o modelo, pero ni siquiera sabía de qué trataban las películas, ni lo que pretendían. Simplemente estaba con sus amig@s y se divertía. Lo que más le preocupaba era su propia imagen, y en ella gastaba gran parte de su energía: “Ella estaba totalmente ocupada en su auto-imagen… o en su visión de su auto-imagen.” (5) Algo que a muchas chicas nos ha pasado de jovencitas, por cierto!
En la Factory la gente utilizaba drogas a discreción, y también había orgías. Warhol no participaba en ellas, pero las dirigía y alentaba: “Andy era como el Marqués de Sade; su presencia era el agente liberador que hacía que la gente viviera sus fantasías y se desnudara o en algunos casos, hicieran cosas muy violentas para conseguir que Andy les mirase”. Él l@s miraba con su cámara de 16 mm, y Truman Capote, que lo conocía bien, lo define simplemente como “un mirón”. (6)
Las películas de la Factory pretendían no significar nada. Los guionistas se esforzaban en escribir diálogos que no tuvieran ningún sentido. Por ejemplo, en Beauty part # 2, toda la película está filmada en un plano fijo sobre una cama, donde Edie se debate entre atender las demandas sexuales de su acompañante, o responder a las inquietantes preguntas que alguien le hace desde fuera de plano. Kitchen se desarrolla íntegra en una cocina, y es un completo aburrimiento: “Creo que las películas de Warhol son documentos históricos. Dentro de cien años contemplaran Kitchen y verán ese pequeño decorado atiborrado de cosas que, desde luego, era una cocina auténtica (…) Era algo horroroso de ver. Captaba la esencia del aburrimiento de cualquier día muerto en la ciudad, cuando todo está imbuido de olor a ropa húmeda y desagüe.” (7)
Lady anfetamina
La colaboración Andy-Edie duró un año o un año y medio, hasta que sus relaciones se enfriaron. Edie ya era adicta a las anfetaminas, y empezaba a necesitar atención permanente. Alguien tenía que ocuparse de que se levante por la mañana y estuviera en el estudio a la hora del rodaje. La gente de la Factory se cansó de ella, y con la intención de herirla, rodaron películas con otra “superstar” llamada Ingrid, que era “como Edie pero en feo”. “Se consideraba como una hija más en una familia grande y bastante desgraciada, que de pronto es iluminada por los focos y tratada como si fuera algo muy, pero que muy especial, pero por dentro se sentía como un montón de basura. Luego, cuando la dejaron un poco de lado, no sabía quién era. Esa posibilidad de destrucción estaba dentro de su débil personalidad. Tenemos que acostumbrarnos a la realidad de que estamos solos. Si no lo consigues, te vuelves loco. Y Edie empezó a trastornarse.” (8)
A partir de aquí llega la parte más triste de la historia, si bien hay momentos en que aún hay espacio para la risa y la ironía. Cuando Edie abandona la Factory, recibe ofertas de otros directores “underground”. Albert Grossman, el manager de Bob Dylan, promete a Edie una película con Dylan y ella como protagonistas. Edie, además, estaba locamente enamorada de Dylan, y creía que era su novia. Él le escribió la preciosa “Just like a woman”, y también “Leopard-skin pill box hat”. Hasta que ella descubrió, de boca del viperino Andy Warhol, que Dylan se había casado con otra mujer unos meses antes, y que probablemente no tenía la intención de hacer ninguna película con ella.
En 1967, cuando rodó parte de la película Ciao Manhattan! (David Weisman, John Palmer, 1972), Edie ya hablaba de la Factory en pasado: “En realidad Warhol jodió la vida de muchísima gente, gente joven. Mis contactos con la droga se iniciaron en la Factory. Me gustó mi introducción a la droga. Yo era un buen blanco. Me convertí en una joven y saludable adicta.” (9)
Los “médicos del ácido” eran una cosa muy de moda en la época y lugar que nos ocupan. Tenían exclusivas consultas por todo Manhattan, y se dedicaban a inyectar anfetaminas, heroína y ácido a todo el que pagara por ello, incluid@s niñ@s o mujeres embarazadas. Influenciad@s por Timothy Leary, realmente creían que hacían bien a la gente, y ell@s mism@s eran adictos.
Edie iba a la consulta del doctor Roberts, que cobraba entre 15 y 25 dólares el “chute”. Una persona que también iba cuenta que al principio acudía a por su dosis una vez por semana. Después un par de veces; luego 3 ó 4 veces por semana. Al final iba 3 veces al día. El doctor Roberts tenía una lista de VIPs o pacientes/clientes preferentes que no tenían que esperar para recibir el chute. La gente que no tenía ese privilegio miraba a los VIPs con odio, porque el síndrome de abstinencia empezaba a destrozar sus nervios en la sala de espera. La madre de Edie llegó a visitar al famoso doctor, y éste la convenció de que el tratamiento era beneficioso para su hija, de modo que los padres pagaban la factura.
Edie estaba tan delgada que no podían pincharla de pie, y se tumbaba boca abajo para que el doctor Roberts le inyectara en el culo un cóctel de drogas cada vez más potente. Todo eso aparece en Ciao Manhattan! Y en esa misma película, Edie habla de los horrores del speed, o sea, de la paranoia y la locura, de los zumbidos y las alucinaciones, y al mismo tiempo, de cómo le gusta el momento álgido, de lo difícil que es elegir entre el speed más puro, la cocaína más pura, y el sexo. De cómo le gusta ponerse hasta arriba de speed y alcohol y hablar sin parar, o follar sin parar. Del speedball, speed y heroína, y de la primera vez que le metieron un pico de speedball en cada brazo... La gente que trabajaba en la película también eran adict@s, y de hecho tardaron 5 años en terminarla. Pretendían retratar toda una época, los 60’s, a través de una actriz underground. En realidad Edie se interpretaba a sí misma. Era como si dejara a la cámara de cine entrar en su intimidad, sin importarle que luego hicieran una película con ella.
Así que convertida en una joven y saludable adicta, pero sola, Edie intentaba trabajar. La revista Vogue era consciente de su potencial, y la contrató como modelo. En 1965 ya había sido protagonista de algunas páginas, en la que la definían como una “youthquaker”, y hablaban con admiración sobre sus películas, que seguramente no habían visto. Edie no era una modelo al uso, y por ello tenían que esforzarse con ella. Le iluminaban sólo la mitad de la cara para esconder las imperfecciones del rostro, y le ponían pelucas porque su pelo estaba destrozado. “Le pusimos un poco de carmín, montones de rimel y un poco de brillo en los labios para darle algo de vida. El resto era ella. Era una personalidad posando. Era la chica personalidad. No era como si fuese verdaderamente una modelo o una estrella de cine auténtica: era una encantadora y extraordinaria criatura del momento.” (10) Sin embargo estaba marcada con el estigma de la adicción a la droga, y Vogue decidió prescindir de ella para salvaguardar la imagen de la revista.
Chelsea Hotel
Para bajar las anfetas, Edie tomaba decenas de tranquilizantes, y como fumaba todo el rato, se quedaba dormida con el cigarrillo en la mano. Tras el incendio de su apartamento se fue a vivir al Hotel Chelsea, donde antes habían vivido Tennessee Williams, Dylan Thomas o Gore Vidal. Una revista canadiense le hizo un reportaje en su habitación del Chelsea, y ella aseguraba que lo que más le interesaba en aquel momento era su gato Smoke, hijo del gato de Bob Dylan.
Leonard Cohen vivía en el otro lado del pasillo, y cuando conoció a Edie, la advirtió sobre las velas que tenía en su habitación. Él estudiaba el uso budista del incienso y las velas, y estaba convencido de que las de Edie encima de la chimenea tenían un influjo maligno.
En la Navidad de 1966 Edie se sentía sola en Nueva York y decidió ir a California a visitar a su familia. No tardaron en encerrarla en un psiquiátrico. Los padres le pusieron un termómetro en la boca, le dijeron que estaba enferma, que tenía 40 de fiebre, le administraron potentes somníferos y la metieron en un coche de la policía. Edie no entendía por qué ella iba en el coche de la policía y su madre detrás con su Mercedes, si es que realmente iban al hospital. Unos días más tarde, cuando consiguió hablar por teléfono con su novio de entonces, Bob Neuwirth, le gritó: “¡Sácame de aquí! ¡Me tienen prisionera!”.
Tras el mal trago, Edie regresa al Chelsea y a su “estilo de vida” no exento de puritanismo, ya que hacía como si nada hubiera pasado, y se esforzaba en ocultar todo lo doloroso que había en su vida. Era adicta al amor y al sexo. Sólo los amores y amantes eran capaces de distraerla de las drogas. Algun@s de sus compañer@s intentaron apartarla de las drogas, pero entonces l@s volvía loc@s hasta que la abandonaban o ella se iba con otr@. Cuando terminó con Bob Neuwirth, se dedicó a la droga aún con más encono, y empezó a engancharse a la heroína: “Si estás obsesionado con una persona e indefenso, hay una escapatoria: enamorarte de la heroína. La otra persona no puede controlarte. Tienes un nuevo amante y otra luna de miel. Te sientes hermoso, es como una ilusión, como esos minutos después de haber follado como un loco.” (11) Nunca se chutaba ella sola. Consideraba que era un paso más en el proceso de la adicción y no estaba dispuesta a darlo. Pedía a alguien que la “despellejara”, esto es, que la pinchara en el culo, y a menudo terminaba teniendo relaciones sexuales con él o con ella.
Edie seguía con la idea de trabajar como actriz en películas comerciales. Estaba harta de oír que su presencia ante la cámara era tan arrebatadora como la de cualquier actriz antigua de Hollywood, pero las oportunidades no llegaban. Y cuando lo hacían ella no era capaz de adaptarse a la disciplina de un rodaje ni de aguantar a gente que no fueran sus amig@s. Así llegó Ciao Manhattan!, y Edie siguió con las orgías y los médicos del ácido.
Los fatales pronósticos de Leonard Cohen se cumplieron y la habitación del Chelsea se incendió. El gato Smoke se convirtió en humo. A Edie la encontraron tirada en el pasillo, desnuda y cubierta por una manta. Nadie quería acercarse a ella, como si estuviera hechizada. Robert Margouleff, el productor de Ciao Manhattan! se la llevó a su casa y contrató a Bobby Andersen, un gay buscavidas del East Village, para que cuidara de ella y compartiera sus “trips”. Así estuvo otra temporada.
Su siguiente compañero, apodado en el libro como “L.M. Kit Carson”, se la llevó a vivir al Hotel Warwick, y cuenta que estuvieron una semana entera haciendo el amor, hasta que él descubrió las agujas en el baño. Se las quitó y observó su desintegración. Se pelearon violentamente, hasta que alguien le aconsejó que se marchara y que la abandonara. Llamó a la Factory y tres esbirros aparecieron para hacerse cargo de ella. Al cabo de unos días le llamaron del Hotel Warwick para decirle que su mujer estaba en el hospital.
California girl
Siguió un penoso recorrido de hospitales y psiquiátricos, fugas con otr@s pacientes y vuelta a las andadas rozando la muerte, hasta que la devolvieron a casa de sus padres, incapaz de andar ni de hablar. Cuando se recuperó un poco, se fue a vivir a Isla Vista, en Santa Barbara, y allí siguió con el speed y los barbitúricos para bajar. Ella estaba convencida de que tomando un montón de anfetaminas y tranquilizantes podía poner en orden su sistema nervioso. Se encontró a su hermano en la calle y le exigió que hiciera el amor con ella. Otro día que caminaba colocada por la calle, montó un numerito para darle una buena patada en el culo a un policía (le apetecería), y por eso la condenaron a 5 años de libertad vigilada y a ingresar en otro hospital psiquiátrico.
Los hospitales eran la segunda casa de Edie. Los probó todos en Nueva York y California. Ella los defendía y creía en ellos. Se acostumbró a convivir en hospitales con otr@s adict@s, hacía amig@s y conseguía drogas en cualquier parte. Pasó una temporada viviendo con unos moteros de Los Angeles y acudiendo con ell@s a sus concentraciones, borracheras y orgías.
Se dejó el pelo largo y moreno y se operó las tetas al “estilo California”. Entonces la llamaron para acabar Ciao Manhattan!, y le dieron un poco más de vida. La frase promocional de la película dice que se trata de un film que “se escribió a sí mismo”, y es cierto: el guión definitivo se escribió 4 años después del inicio del rodaje. Para subsanar errores de continuidad, decidieron que Edie sería una actriz underground drogadicta venida a menos, que recuerda sus días de gloria desde una piscina vacía de California. Las nuevas escenas se rodarían a color, y las secuencias de Nueva York, filmadas en blanco y negro, serían flash-backs. Algo que se parecía bastante a la realidad.
Hacia el final del rodaje, al igual que en Nueva York, el equipo acabó hasta el moño de la diva. Cuentan que cuando estaba llena de drogas era increíblemente hermosa y angelical, y todo el mundo se quedaba extasiado. Pero no era así siempre. “Se escapaba. Convencía a alguien (no le costaba demasiado porque su encanto seguía intacto) para que le trajera bebidas con las que poder emborracharse hasta casi perder el sentido y hacer todas esas cosas raras. Se desnudaba, hacía autostop enseñando las tetas. Algunas veces se negaba a dormir a menos que alguien fuera a dormir con ella (…) Yo intentaba respetarla, pero había momentos en que era difícil hacerlo. Una noche, Dave me dijo: “Tienes que hacerlo por mi. Edie tiene que follar. Por favor, depende de ti, Wes.” (12)
En el set de rodaje tenía mil formas de equivocarse, y tardaban horas en filmar sus párrafos de guión. En la escena del tratamiento de shock, Edie daba consejos al director para hacerlo más real, porque había pasado por ello en más de una ocasión.
Cuando terminaron el rodaje, Edie se fue a Malibú con Roger Vadim, que había actuado en Ciao Manhattan!. Vadim le prometió convertirla en la próxima Jane Fonda o Brigitte Bardot, le decía que lo que ella necesitaba era amor y no broncas de los directores. Pero Edie se puso muy enferma y tuvo que volver al hospital y pasar por el auténtico tratamiento de shock.
Michael Post se hizo cargo de ella. Era un buen amigo que había conocido en el hospital, y que había acudido en su rescate más de una vez. Siempre se negó a acostarse con ella, a pesar de que estaba enamorado, y por eso mantenía intacto su interés. Se casaron el 24 de julio de 1971, y Edie fue feliz con la parafernalia de la boda.
4 meses más tarde, su marido se la encontró muerta en la cama al despertar por la mañana.
B B,el icono de belleza de la época de la pildora y la estética gatita rubia PLAYBOY. pero a la europea,más natural con su mata de rizos revueltos combinado sus pucheros de labios bien perfilados y ojos de sombreado grueso.
no olvidar que en ese momento una mujer no podía abrir una cuenta en el banco sin autorización del marido.
B B,la niña de familia bien que amaba los animales de peluche y el ballet,lanzada al estrellato internacional por VADIM, más astuto que buen director ,que se empeñó en convertirla a los 18 en la fantasía inalcanzable de todos los hombres casados.
BEBE abarcado todos los sentidos de la belleza para una generación de posguerra,la libertad sexual,la transgresión y la extravagancia dentro y fuera del plato. sin embargo,una ingenuidad desde el fondo de sus ojos impedía que se convirtiera en depredador.beauvoir:"ella era cazador y presa"
el acoso a la celebridad y el desgaste de su impacto la llevó a retirase a los 39 años en 1973. su refugio para no acabar como mito trágico: los derechos de los animales(ella misma fue siempre tomada como uno de ellos)
"sigue sus instintos. Come cuando tiene hambre y hace el amor cuando le apetece. Deseo y placer son para ella una certeza mayor que las reglas y los convencionalismos. No critica a nadie. Hace lo que le da la gana y por eso es tan turbadora" simone de beauvoir
“Nuestro más profundo miedo no es ser inadecuados. Nuestro peor miedo es ser poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que más nos asusta.” Marianne Williamson
los 90 tambien son la voz de hope sandoval como una brisa de noche calma de luna líquida barriendo el polvo grunge. o la voz etérea que envuelve la tela de araña de un sueño contado pasado de ácido en un night bar de david lynch, y que de pronto se hace real.
necesito de las baladas psicodélicas de MAZZY STAR,un flujo de conciencia en estado sonámbulo,una interrupción en el tiempo vacío de nuestros reclamos diarios. luego, las bajadas son menos duras,caes
blandamente en una somnolencia al ralentí,la voluntad saliendo de vacaciones despues de una semana de emoción tensa. en suspenso poco antes del derrumbe. siento nada.al menos hasta mañana; el cuerpo de vuelta en frío sí guarda memoria de todas las caídas.
pero ahora nada se mueve,nada se resiente.canciones declinantes, anhelos frágiles,dibujados en la arena antes de que llegue la ola y lama de un latigazo de sal las heridas
ahora.podría morir matar por ti,filo de mediodía en el corazón de la noche,por el trallazo en tragaluz de tus ojos.morir por una CAUSA ausente,ajena. por nada.
en vivo,hope escoge envolverse en sombras con sólo una tenue luz de fondo. ella canta y se oculta mostrandose. podría ser la hermana oscura de Natasha Kinski huyendo de ataduras por el fronterizo paris texas ante la mirada límpia y errática del hombre que la busca.
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hope ,un sueño californiano que prolongase el sueño neoyorquino de la primera VELVET, o de los STONES mas apegados al blues suave con notas country.
hope, desaparecer en su cuerpo mínimo,en la órbita de sus ojos que se hurtan a la luz. soberana del misterio.
la miro para buscar la verdad.ella se realiza en el pudor, mujer. la miro y veo nada .una figura de niña hippie abandonada, una clase de noche en su oscuridad de fraseo alargado. te desharás en tu retiro azul , y regreserás... o no, no espero más,no la creo más,la invento. a la mujer, la verdad
no voy a recuperar el espíritu de los 80.todavía están demasiado cerca.y a la vez los percibo como súbitamente envejecidos.para ser más neutral tendría que pasar tiempo.tendría que estar muerto. olvidar que debo olvidarte. quizá está aquí aún..., en nuestro presente en bancarrota,no deja de no suceder. hasta que te encuentre,patsy.entonces habrá sido.en tus ojos azul claro...la quiebra total.
a mí no me gustaba el tecno pop a lo pep shop boys(ni el acid house).no sé porque lo traigo( soy yo el envejecido).voz de gatita que ronronea mientras se estira J'ai pas peur J'ai pas peur no tengo miedo. las inglesas no tienen miedo,¿pero son sexys las inglesas? lo dejo para cuando esté sereno.patsy es bonito nombre para una gata.tengo demasiados frentes abiertos y me da la impresión de que chapoteo en la superficie... ... patsy, en el vórtice de tu ombligo, en tu larga mirada de desiertos y azul mineral... lejana ,algo se despereza en este rincón de la habitación,ronroneo y travestismo pop de una noche de verano. descorrido el telón, creo que fui feliz,patsy.no lo sé. lo invento ahora.
la palabra ochotentero está demodé,no es tendry. pero tú sí ,patsy, cariño. cuando se podia ser feliz por trivial con el ombligo al aire a la salida del LIBERTY o del APOLO, nombres de locales de provincia con proyeccion sideral y sintetizador son de lata ,y derecho a consumicion con rubias sin miedo del pupitre de al lado que rifaban sus besos en púbica subasta. y eso estaba bien,caramba.