el chico de la moto ha vuelto,pero algo ha cambiado en medio.su repliegue introspectivo se ha acentuado,parece renunciar a su lugar de liderazgo
en las pandillas donde la inmediatez de la violencia y la demarcación del enemigo fijan las señas de identidad de los que están saliendo de la adolescencia.
ahora en la pecera-barrio la conciencia del tiempo se hace más presente en jirones de nubes que huyen a toda velocidad, en la llamada al orden en la
omnipresencia del tic-tac de los relojes,en los ojos vigilantes del policia.no solo el trono está vacio,es que no hay trono,unicamente una linea de fuga
"Un desgarrador llamado aparece una y otra vez en la película the addiction de Abel Ferrara (1995): antes de atacar a sus víctimas, los vampiros de esta cinta les piden, con una mezcla de esperanza y cansancio: “Dime que me vaya y hazlo con la suficiente convicción y autoridad, y me iré”. Ninguna víctima potencial obedece a esa advertencia, ninguna siquiera lo intenta. Ni una sola de ellas llega a musitar, aunque sea “de dientes para afuera”, el vade retro: “retrocede, déjame en paz”. Esas escenas del filme, tan dolorosamente esenciales, se relacionan con aquel resorte mítico según el cual un vampiro no puede entrar en una casa a menos que se le invite. Entre ser invitado y no ser rechazado existe una intensa relación, y la mitología de todas las culturas entrevera ese hilo: para la consecución del mal es necesario el libre albedrío, la entrega voluntaria"
y es que no puede darse una historia de redención sin libertad.la adicción por la sangre no es el efecto de una posesión exterior,un trauma o enfermedad. solo asumiendo lo oscuro en nosotros podemos esparcir chispas de luz a nuesro alrededor.
nada más triste que una novia perennemente de blanco lejos del altar. la primera protagonista femenina que no es bella convencionalmente, sensibilidad cercana al monstruo ,cercana en su sensacion de caerse a pedazos,nuestra incompletud.
cuando hacíamos las cosas que nos gustaba hacer sin ser demasiado conscientes de nosotros mismos.puede que no hicieramos ninguna bien,pero eramos inmunes al demonio de los remordimientos.