LOST IN TRANSLATION escrito por
ignacio castro rey.extracto
" Solamente al alejarte de tu residencia habitual te puedes hacer ciertas preguntas, interpretar lo signos por fuera del código protector. Además, si tienes jet-lag y te pones a examinar tu vida en plena noche, la catástrofe está servida. Sofia Coppola intenta explorar ese momento crítico de la vida en que, estando profundamente perdido, trabas una relación extraterrestre con alguien, una relación que no encaja en tu vida, que no te facilita nada, pero que no puedes rechazar. Apenas es un lapso, un suspiro, pero queda fijada para siempre, pues te has rehecho a partir de ese trauma.
Bob Harris se hace querer porque saborea el gusano en la manzana del éxito. Lo tiene "todo", pero se le escurre de las manos. Ha caído en un nada americano escepticismo, en el hastío incluso, porque es demasiado honesto, demasiado inteligente como para no ver los signos deprimentes que le rodean. Por una lado, viaja a países que imitan lo más hortera de su cultura, que aborrece. Por otro, se encuentra un poco mayor y cansado, en plena "crisis de madurez", dice Charlotte -aunque este tipo de hombre más bien suele tener una crisis por año. Lo peor es que Bob conserva un clima de inquietud, de insatisfacción, que le impide envejecer y acomodarse. Echa en falta la seriedad de un trabajo digno, repitiendo cien veces el anuncio de una marca dudosa de whisky -a pesar de lo cual bebe con fruición otra marca- a asiáticos carentes de gusto, entre creadores publicitarios que son tan excéntricos como incomprensibles, pues la traductora "pierde" la mayoría de sus palabras. Junto al misterio de la vida, el de su traducción.
(...). Este es el estado de Bob. Se ahoga en una vida estrecha, sin aventura, por mucho que viaje y que beba. Su matrimonio discurre por los cauces de la corrección y el cariño habituales, pero rodeados de niños que le han separado de su mujer y que le cercan a él con una pared de obviedades. Hay un tristísimo monólogo, en la cama casta de los dos amigos, donde Bob retrata con una mezcla de laconismo e ironía ese estado.

El encanto de Bob, su atractivo ... reside en que toda esta lenta corrosión de su personalidad, que en el fondo es un drama, la lleva sin rabia, con una dignidad y un humor geniales. Daríamos algo por poder imitar esa forma de beber y de fingir el fin del mundo, dejándose tumbar en los sillones de los aburridísimos bares de hotel donde se diluye. Si uno fuera homosexual, sería como para enamorarse.
Un varón atípico: no busca nada, no tiene planes, se limita a saborear el latido absurdo de las situaciones. Una mujer atípica: rubia y con armas para triunfar, desprecia todo esa bisutería en nombre de algo que desconoce, que todavía está por llegar.(...)
El mérito de los dos es permanecer tristes, sentirse solos de la peor manera del mundo. Ambos residen en el centro de una telaraña que brilla, pero les falta felizmente cualquier fe en el espectáculo que les rodea. Hasta algo tan dudoso como el remake de canciones de leyenda a golpe de copas y trasnoche, de freaks lugareños, consigue una magia nocturna que no vemos todos los días. En realidad, toda la música angloamericana es producto de la soledad.(...)

Y después está la deliciosa relación entre ellos dos, más solos que la una en ese país de autómatas o marcianos que es el Japón postmoderno. Relación que nunca pasa al acto, nunca estropea la ambigüedad con ninguna penetración en el misterio del otro. Aunque cuando están solos todo es lento, se acelera cuando se juntan con los amigos japoneses. Tokio entero se transfigura por ese amor que no se atreve a decir su nombre. De una ciudad odiosa, por su estúpido mimetismo con lo peor de Occidente -la película parece caer inicialmente en una xenofobia típicamente yanqui-, se transforma poco a poco, sobre todo después del alucinante karaoke psicodélico, en una ciudad donde todo es posible otra vez. Hasta el punto de que un final "feliz" no estropea nada. Ellos se buscan para despedirse, se encuentran y todo sigue abierto después de una confidencia inaudible de él a ella. Es posible que él solamente diga: "jamás nos volveremos a ver, pero esta historia continuará bajo todas las cosas". El caso es que ella sonríe: de cualquier manera, la complicidad se prolonga.
Jamás olvidaremos el aire de ella. Silenciosa como una gata, profundamente rubia de pelo y wasp de ojos, profundamente oscura de alma, casi existencial (¿Johansson sugiere una ascendencia sueca?). Profundamente profunda, es suma: aunque ha nacido en California, es licenciada en filosofía (!) y parece que no se avergüenza. Inolvidable su lentitud, su ironía, su forma demorada de mirar sonriendo, de tener celos, de contenerse. Pero nadie debe preocuparse, pues Johansson tiene los días contados. Nos la estropearán enseguida a golpe de éxito, entre W. Allen y los otros que han captado que tiene gancho, lo que se dice "talento". El éxito, en esta sociedad carnívora es la tentación más difícil de vencer: lo hace Murray en la cinta, pero es algo casi imposible en la vida real"
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